Cuando el mayor desafío no es VITAL. Es el miedo.

"Caro, implementemos VITAL como nos pide el Cliente. Pero dé lo que dé la calculadora, el 'PUEDE CONTENER' se queda."
A confesión de partes...
Si ya habíamos hecho el entrenamiento.
Si habíamos recorrido la teoría, los conceptos, el método.
Si habíamos vuelto una y otra vez sobre las razones para cambiar la mirada.
Si parecía que todo estaba claro. Que todos estábamos de acuerdo...
¿Qué estaba operando en realidad por debajo de la superficie?
MIEDO.
Arraigado. Profundo.
Miedo a dañar a las personas. A cargar con la responsabilidad de lo irreversible.
Los rótulos, repletos de advertencias precautorias excesivas y sin correlato con la realidad, no eran otra cosa que el reflejo de ese miedo enorme.
Y ahí mi trabajo cambió de foco.
Volvimos a las bases.
Al concepto —tan poderoso como profundo— de los umbrales.
A comprender cómo fueron construidos y curados por las personas más calificadas del mundo.
A la evidencia.
Porque lo primero que había que desarmar era el miedo.
Y esa terminó siendo también la llave.
Una vez que lo logramos, lo técnico y lo humano se hilvanaron de manera perfecta.
Estaban los prerrequisitos.
Un lujo de información cualitativa y cuantitativa, construida durante años a partir de limpiezas validadas y verificadas con enorme rigurosidad y conciencia.
Los proveedores colaboraron.
La información que faltaba al comienzo la construimos en conjunto.
Aplicamos criterio técnico para seleccionar cada peor escenario.
Con toda la información de entrada lista, llegó la calculadora VITAL.
Y con ella, la demostración científica que necesitábamos para limpiar las etiquetas.
El 100% de las referencias redujo el peso del "PUEDE CONTENER", con validez científica y respaldo técnico.
Entregamos los reportes a tiempo al cliente en Países Bajos.
Cumplimos la meta.
Aprendimos muchísimo en el camino.
Me enamoré del proyecto, del proceso y de los resultados.
Pero, sobre todo, me llevé una lección para siempre:
El punto de partida no son los datos.
No es la herramienta.
No es lo técnico.
Es la emoción.
Entenderla.
Abrazarla.
Y desarmarla.
Eso requiere empatía, evidencia, método y, sobre todo, la convicción profunda de que ese es el camino correcto.
Si sentís que VITAL puede ser el próximo paso para tu organización, quizás te interese sumarte al entrenamiento que estaré dictando el próximo 14 de julio, donde trabajaremos sobre los fundamentos y los criterios para aplicarlo correctamente.
Te comparto más información en el primer comentario.
Un abrazo,






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